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Martes 24 de mayo | Entrenamiento a las 11h en Paterna. Primeros 15 mins abiertos a los mmcc. Miércoles 25 de mayo | Entrenamiento a las 11h en Paterna. Primeros 15 mins abiertos a los mmcc. Jueves 26 de mayo | Entrenamiento a las 11h en Paterna. Primeros 15 mins abiertos a los mmcc.

ORGULLO

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viernes, 26 de febrero de 2010

se logro con sufrimiento el pase a octavos

El Valencia está en octavos de final de la Europa League. Sufrió más de lo previsto para conseguirlo. En la prórroga, gracias a un gol de Pablo, que repitió con el tercero para redondear la fiesta. Lo mereció, sin duda, por ser superior al Brujas. Como habían solicitado en el transcurso de la semana técnico y jugadores valencianistas, el primer gol lo marcó la afición. Mata empujó el cuero a la red tras el servicio de Miguel en posición de extremo izquierdo, para delirio de unos aficionados de Champions, que no hicieron oídos sordos a la llamada de su equipo. Mestalla registró el ambiente de las grandes ocasiones, consciente de los problemas de un Valencia acuciado por las bajas. El rival no era de primer nivel, pero había que estar ahí. Apoyando, empujando y, al tiempo, minando la moral de un Brujas que no mostró la agresividad de la que hizo gala en tierras belgas.

Nadie censuró la ausencia de Moyá. Ni la sorprendente alineación de Emery, dando un vuelco al dibujo habitual. Albelda atrás junto a Marchena y Dealbert para configurar una zaga con tres centrales. Por delante, una poblada medular, con Banega y Baraja como doble eje; Pablo en la banda derecha y ¡Miguel en la izquierda! Como tripleta ofensiva, Mata, Zigic y Villa. Así arrancó el choque. Y lo hizo de la mejor manera posible. De la forma soñada. En el primer minuto, eliminatoria igualada.

El gol y el público dieron alas a un Valencia crecido, ambicioso, avasallador, que se fue en busca de su rival con toda la fe y las ganas posibles. En ocasiones, excesivamente revolucionado, lo cual le impidió ver con la necesaria claridad algunas acciones ofensivas de las que pudo obtener un mayor provecho. Con Banega y Baraja, el balón se jugó con criterio, se dio sentido al fútbol de ataque, pero el equipo adoleció de falta de más aperturas a las bandas para asistir al gigantón Zigic, que pasó muchos minutos perdido entre la retaguardia del Brujas.

La permuta de posiciones entre Pablo y Miguel, entre Mata y Villa, no aportaban las soluciones buscadas por Emery. A pesar de ello, hubo ocasiones para aumentar la cuenta antes del descanso, pero no hubo forma. Y no sólo eso. La poblada medular valencianista acusó por momentos cierta falta de entendimiento que aprovecharon los belgas para estirarse en busca de César, aunque nunca llegaron a inquietarlo en exceso. La movilidad de Sonck, metido entre líneas, hizo daño. Y el Valencia perdió la compostura.

Dos acciones provocaron reacción en la grada. Un error de Albelda a la media hora, felizmente sin consecuencias, y un más que posible penalti a Villa -minuto 34- que, sorprendentemente, Bo Larsen, el experimentado árbitro danés, saldó con una amonestación al asturiano en su afán por contentar a unos y a otros.

En el intermedio Emery decidió que su equipo volviera a la normalidad, al esquema habitual, más acorde a lo que se necesitaba. Entró Alexis en el lateral zurdo, Miguel se quedó en la derecha y, junto a Marchena y Dealbert, se configuró la defensa. Pablo y Mata en las bandas, con Albelda y Banega en el centro. Villa y Zigic arriba, hasta que Joaquín entró por el serbio y Pablo se fue a la izquierda.

El Valencia más natural funcionó. Pero se encontró con la misma falta de puntería que en el periodo precedente. Y cuando no, con el meta del Brujas, al que se le amontonó la faena. Mata y Pablo le obligaron a intervenir en una doble acción que debió acabar en gol. Y Villa acabó siendo un martillo pilón. Lo bombardeó hasta en tres ocasiones, encontrando respuesta en Stijnen que, todo vestidito de amarillo, demostró no ser supersticioso.

El esfuerzo físico pasó factura a los de Emery. El Brujas, más fresco, se estiró y primero Perisic y luego Sonck, ya en el tramo final, hicieron lucirse a César. De ahí, sin más, a la prórroga.

Y en el tiempo adicional, el delirio. Pablo asumió el protagonismo que le había faltado en partidos anteriores, en los que había demostrado no estar al mejor nivel después de recuperarse de la lesión que le apartó del equipo. Primero lanzó un zapatazo al que el portero visitante respondió con otra buena intervención. Calentó el pie y un minuto después, golazo y explosión de júbilo. Banega le mandó el cuero, el castellonense controló, se apoyó con fortuna en un rival y, viendo al guardameta algo desplazado a la izquierda, le pegó al balón con todo el alma al lado opuesto.

La remontada estaba conseguida y la sensación que ofrecía el Valencia era que tampoco peligraba la eliminatoria. El público rugió como nunca para equilibrar la falta de fuerzas. El Brujas, en lugar de buscar la heróica, se encogió, le pudo la presión, la grada y el rival. Mata y Joaquín pudieron marcar, pero el destino reservaba su gran noche a Pablo, que se gustó en el tercero, segundo de su cuenta. Espera el Werder Bremen.

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